Nací, crecí, vivo y amo en Concordia. Con Luciana tenemos 3 hijos, tan apasionados del deporte como su padre. A veces, me disculpo por eso. Es demasiado. Hay clubes y escuelas que me marcaron, soy una parte de cada uno de ellos pero especialmente de Jorge y Susana, mis padres. Alejandro es mi hermano menor. Suelen confundirnos en la calle. Estamos acostumbrados y saludamos por igual. Casi no tengo recuerdos de años en los que no estuve en una institución educativa. Desde los 3 fui a jugar, estudiar y finalmente a trabajar en alguna de ellas. Escribir es la mejor e imperfecta forma que tengo para expresarme. Unir esto último con las escuelas es el desafío de esta columna.
No hubo carencias, crisis económica ni lejanía que pudiese contra el empuje de religiosas, docentes, alumnos y vecinos. 25 años después, valió celebrarlo.